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martes, 30 de mayo de 2017

Sangre joven

Erzsébet Báthory, una condesa húngara que nació a finales del siglo XVI, ha pasado a la historia como la asesina en serie más prolífica de la que se tiene constancia. Aunque no se sabe con exactitud el número de sus víctimas, se calcula que podrían haber sido unos cuantos centenares, todas chicas jóvenes. Esta es la parte que se cree cierta; a partir de aquí han nacido las leyendas. Una de las más difundidas es que Báthory mataba doncellas para poderse bañar en su sangre, porque creía que evitaría que envejeciera. Se dice que esta historia, mezclada con la figura de otro noble sanguinario de la zona, el rumano Vlad Tepes, es lo que inspiró a Bram Stoker su personaje más célebre, Drácula.

Cuatrocientos años después de la muerte de la condesa asesina, estamos viendo que quizá no iba tan desencaminada. Descubrimientos recientes indican que, en las primeras décadas de la vida, en la sangre habría uno o más factores que podrían contribuir a mantener los órganos en buen estado, y que esto podría tener efectos rejuvenecedores en los tejidos de las personas de edad avanzada. El experimento que dio la primera pista es de hace poco más de una década. Unos científicos de la Universidad de Stanford unieron los sistemas circulatorios de un ratón viejo y uno joven, para que las sangres mezcladas fluyeran por los dos cuerpos. Esta es una técnica clásica, usada por los fisiólogos desde hace tiempo, que se llama parabiosis. Lo que demostró es que la sangre del ratón joven hacía que los huesos del viejo aumentaran de densidad, como si estuvieran yendo atrás en el tiempo. Más tarde se vio que también mejoraba la capacidad de reparar heridas y que aumentaba las conexiones entre neuronas en el cerebro.

Desde entonces se ha estado buscando cuál es el componente rejuvenecedor que hay en la sangre. Una hipótesis señala a la proteína GDF11, que reactiva las células madre, pero no hay unanimidad. El mes pasado se hizo un nuevo experimento, esta vez inyectando plasma de cordón umbilical humano a ratones viejos. El resultado es que mejoraba significativamente la memoria de los animales. En este caso, se cree que la proteína responsable del efecto es la TIMP2. Hace unos días estaba en un tribunal de tesis en la que el candidato hablaba de la implicación del sistema inmunitario en el envejecimiento. Los datos sugerían que, con la edad, los glóbulos blancos pierden la capacidad de limpiar los tejidos, concretamente de eliminar las células envejecidas que se acumulan y entorpecen su buen funcionamiento. Si esto es correcto, no solo las proteínas de la sangre joven podrían frenar el paso del tiempo, sino también alguna de las células que circulan.

Aunque es más revolucionaria la idea que propusieron a principios de abril científicos del Max Planck Institute. Pusieron peces viejos, de los que se había eliminado todas las bacterias que tienen en el tubo digestivo, en contacto con excrementos de peces jóvenes. Cuando los viejos asimilaron la flora intestinal que había en los desechos, pasaron a ser más activos y a vivir un 37% más. Este trasplante de microbioma, por llamarlo técnicamente, demuestra que la composición de las bacterias del intestino tiene un efecto sustancial sobre la longevidad, al menos en algunos animales. La razón es aún desconocida y no se sabe si en humanos funcionará de la misma manera.

Estos datos tienen un gran impacto potencial. Si se confirman, querría decir que podríamos usar inyecciones de plasma y pastillas de excrementos (o, aún más práctico, un cóctel de proteínas, células y bacterias) para frenar el envejecimiento y la degeneración asociada, por ejemplo en enfermos de alzhéimer. Y si no funcionara nada de esto, hay otras opciones. En mi laboratorio, por ejemplo, investigamos cómo eliminar células viejas con nanopartículas o si bloquear una proteína ralentiza los síntomas de la edad.

Otros científicos están estudiando compuestos diferentes. Sea como sea, la primera 'píldora de la longevidad' no está muy lejos. Es posible que nuestros hijos ya la puedan tomar. Esto significa que deberíamos comenzar a discutir las implicaciones sociales. ¿Qué pasará si cada vez más gente llega a los 100 años? ¿Lo resistirá el planeta? ¿Cuánto tendremos que extender la edad de jubilación si seguimos fuertes y activos más tiempo? ¿Cómo afectará al mercado laboral para los jóvenes? La ciencia avanza muy rápido y debemos esforzarnos en seguir su ritmo para prevenir los efectos negativos que puede tener.

[Publicado en El Periódico, 20/5/17. Versió en català.]

viernes, 14 de octubre de 2016

¿Es posible frenar el envejecimiento?

Este domingo podréis conseguir mi último libro, ¿Es posible frenar el envejecimiento? La ciencia en las fronteras de la vida comprando El País. Forma parte de una colección dedicada a la ciencia, que no se vende en librerías, y es un resumen de todo lo que sabemos actualmente sobre el envejecimiento, desde sus causas a las posibles intervenciones que podrían frenarlo. 

¿Podremos vivir más de 150 años? ¿Es posible la inmortalidad? Todo esto y mucho más, este domingo con El País, ¡no os olvidéis!


lunes, 29 de diciembre de 2014

El descubrimiento del año

Siempre que se acaba el año, periódicos y revistas airean listas de éxitos de todo tipo, que a su vez sirven de resumen de los libros, los discos, los conciertos, los personajes o las noticias que más han destacado los últimos 12 meses. También lo hacen las publicaciones científicas. Prácticamente en todos los 'top ten' del 2014 ha figurado, en lo alto y con letras de oro, la hazaña de la sonda 'Rosetta' y su estudio pionero del cometa 67P/ Churyumov-Gerasimenko. Han aparecido también, entre otros, descubrimientos de fósiles interesantes que han aclarado momentos clave de la evolución o avances en biología sintética que anuncian posibilidades impactantes para un futuro cercano.

Algunas listas mencionaban un experimento que ha dado unos resultados sorprendentes en el campo del envejecimiento. Lo que han hecho es mezclar la circulación de un ratón joven con la de uno de edad avanzada, una técnica complicada pero que hace más de 150 años que se conoce. Lo que vieron los científicos es que el animal viejo acababa 'rejuveneciendo' cuando la sangre del otro corría por sus venas. Esto se ha ido descubriendo gradualmente desde principios de este siglo, pero la novedad es que este año se ha hallado el factor específico presente en el plasma que se cree que sería el responsable del efecto. Se llama GDF11 y en estos momentos se está llevando a cabo el primer ensayo clínico para determinar si realmente tiene propiedades 'anti-ageing': 18 afectados de la enfermedad de Alzheimer están siendo tratados con inyecciones de plasma de donantes jóvenes y se espera que a final del 2015 sabremos si tienen algún efecto positivo a la hora de frenar el deterioro neuronal.

No es el único tratamiento contra el envejecimiento que podría funcionar. A pesar de que actualmente aún no tenemos ningún producto que sea verdaderamente útil en este sentido, hay un montón de laboratorios en todo el mundo, entre ellos el mío, buscando posibles soluciones. Una podría ser los antinflamatorios, unas pastillas que mucha gente toma regularmente. Concretamente, la semana pasada se publicó en la revista 'PLOS Genetics' que el ibuprofeno alarga entre el 10 y el 17% la vida de gusanos, levaduras y moscas, tres modelos usados frecuentemente en investigación. Las razones de este efecto inesperado aún no están muy claras.

Resultados similares se han visto con la metformina, un fármaco que usamos hoy para controlar la diabetes, o la rapamicina, que tiene el problema de ser un inmunosupresor importante. Además, en mi laboratorio hemos descubierto una sustancia que prolonga la esperanza de vida de las moscas más de un 20%, a la vez que las mantiene más activas, unos resultados que esperamos hacer públicos próximamente. Y hay muchas otras opciones que se están estudiando, con resultados preliminares positivos. El caso es que todavía no sabemos si ninguno de estos tratamientos tendrá algún efecto en humanos. La mayoría de expertos cree que un día u otro encontraremos algo que frenará (poco o mucho) nuestro envejecimiento. Puede ser un momento histórico que abra las compuertas de una revolución médica sin precedentes.

Explicaba todo esto en una charla que hice la semana pasada en un instituto y una de las primeras preguntas que me hicieron los alumnos fue por qué los científicos estamos tan obsesionados con detener el envejecimiento, cuando hay otros problemas más importantes. Le contesté que cuando tuviera 40 años y le empezaran a chirriar algunas articulaciones entendería rápidamente la razón. La búsqueda de la inmortalidad es una obsesión antigua, reflejada ya en una de las primeras obras literarias conocidas, 'La epopeya de Gilgamesh', de cerca de 4.000 años de antigüedad, y ahora que por fin entendemos a nivel celular por qué nos hacemos viejos no nos detendremos.

El problema es que la ciencia está avanzando más rápidamente que la sociedad. ¿Estamos preparados para un mundo en el que una parte importante de los humanos (inicialmente la de los países ricos, con toda seguridad) viva más de 100 años? ¿Cómo aseguraremos la sostenibilidad de una población en la que el porcentaje de viejos supere con mucho el de jóvenes? ¿Dónde meteremos tanta gente si los nacimientos continúan al mismo ritmo pero tardamos mucho más en morir?

No son escenarios apocalípticos sacados de libros de ciencia ficción, sino realidades que la investigación biomédica puede hacer posibles a corto o medio plazo. Tanto en conferencias como en uno de mis últimos libros de divulgación ('Jugar a ser dioses', escrito a medias con Chris Willmott) defiendo que tenemos que empezar a debatir estos temas lo antes posible, para que los investigadores, mientras tanto, sigamos haciendo nuestro trabajo. Debemos evitar que llegue un día en que el descubrimiento científico del año sea a la vez el anuncio de una catástrofe social de repercusiones imprevisibles.

[Artículo publicado en El Periódico, 06/9/14 (en català).]

lunes, 24 de octubre de 2011

Por qué Eduard Punset ha de morir

En una célebre entrevista televisiva del año pasado, Eduard Punset dijo que no estaba escrito que él debía morir. Esta frase me la han citado amigos y periodistas un montón de veces desde entonces, quizá en parte porque en mi laboratorio estudiamos el envejecimiento y la muerte celular. Por desgracia, sacada de contexto parece más una de esas máximas que te encuentras en las galletas de la suerte de los restaurantes chinos que un pensamiento con ánimos de estimular las neuronas, que con toda seguridad era la intención original. Así que he pensado que hoy aprovecharía este espacio para discutirla con calma y hacer justicia a un tema tan interesante. Que quede claro antes de empezar que le deseo una larga vida al señor Punset, y que el hecho de que haya contribuido más que nadie en este país a hacer llegar la ciencia a la gente de la calle merece todo el agradecimiento del mundo. Pero me temo que ni él ni yo ni nadie que lea este artículo puede escapar del destino que nos espera al final.

La idea de que podemos vencer a la muerte proviene sobre todo de una corriente liderada por el doctor Aubrey de Grey, un gerontólogo de Cambridge que hace unos años propuso que, si consiguiéramos proteger nuestras células de los elementos que las dañan, nada nos impediría vivir para siempre. Es cierto que nuestros organismos tienen una fecha de caducidad. Una serie de órdenes escritas en el genoma de las células las hace envejecer y morir en respuesta a agresiones y el paso del tiempo. Lo que en realidad dice el doctor De Grey es que debe haber una manera de evitar obedecerlas. Hace tiempo que buscamos en el laboratorio alguna forma de ejercer una insumisión al menos parcial a estas leyes y así poder alargar la esperanza de vida. La diferencia es que De Grey asegura que esto es posible hasta extremos que nunca antes nadie se había atrevido a proponer, en contra del dogma aceptado hasta ahora.

A lo largo de las épocas más oscuras de nuestra historia, la ciencia ha sobrevivido y ha avanzado gracias a unos cuantos inconformistas que iban contra el sistema. El heroísmo legendario de figuras como Galileo y Copérnico se ha filtrado a través de los siglos hasta imprimir en el imaginario colectivo la idea de que los pensadores más revolucionarios siempre deben luchar contra la incomprensión de políticos y académicos apoltronados que temen los cambios que los pueden dejar sin trabajo. Hay una parte de esta imagen que se ajusta a la realidad: los científicos más influyentes suelen ser los que saben ver más allá de las fronteras actuales del conocimiento. Pero debemos evitar caer en la generalización fácil: no todo el mundo con una hipótesis radical debe tener automáticamente razón. La biomedicina contemporánea avanza sobre todo por el trabajo progresivo de equipos coordinados de investigadores repartidos por todo el mundo, y no tanto gracias al individualismo de estrellas superdotadas. Los descubrimientos son más fruto de pequeños pasos incrementales que de grandes movimientos sísmicos originados por la chispa de una idea alocada que se enfrenta a la doctrina imperante en un momento dado.

Dar voz a los que proponen teorías rompedoras puede ser una forma interesante de generar diálogo, siempre y cuando detrás haya un razonamiento que cumpla las normas científicas más elementales. Muchos creen que las teorías del doctor De Grey tienen su lógica, aunque todavía no tenemos suficientes datos experimentales que nos permitan suponer que pueden ser ciertas. De momento no pasarían de ser ideas provocadoras que habría que validar. Pero otros expertos opinan que es un charlatán más cercano a la seudociencia que al rigor que se espera de un investigador y que solo haciendo un acto de fe se puede comulgar con su imaginativo punto de vista. ¿Y si tienen razón?

Debemos vigilar no poner en el mismo saco manzanas y naranjas con la excusa de la libertad de expresión y la obligación de presentar todos los puntos de vista de un debate. Hay razonamientos que simplemente pertenecen a diferentes disciplinas y no tiene sentido enfrentarlos, como la lucha absurda que han organizado entre la idea religiosa de un diseñador inteligente y el concepto científico de evolución. Es como si en una mesa redonda sobre las mejores novelas del siglo, de pronto alguien se pusiera a hablar de las Páginas Amarillas. Aunque tengan formato de libro, tenemos que saber ver que ni siquiera son literatura.

Los que saben más de estos temas aún no han acordado a qué lado de la frontera están las propuestas del doctor De Grey. Por eso debemos ser cautelosos y no hacer bandera de ellas sin dejar a continuación un espacio para alertar de las abundantes dudas razonables que generan. Mientras no se demuestre lo contrario, todos nuestros nombres están escritos con letras de oro en los archivos de Hades. Quizá algún día inventaremos una goma que nos permita borrarlos, pero yo no contaría con que ninguno de los aquí presentes lo llegue a ver.

El Periódico, Opinión, 22/10/11. Versió en català.

lunes, 20 de junio de 2011

¿Y si envejecer fuera solo un accidente?


La semana pasada tuve el placer de charlar con el profesor Thomas von Zglinicki, una de las personas de este planeta que más saben del envejecimiento celular. Era una tarde raramente soleada de primavera inglesa y estábamos sentados ante unos cafés mientras nos contábamos los últimos resultados de nuestros laboratorios. La conversación fue derivando hacia un tema que ha preocupado a la humanidad desde el principio de los tiempos: ¿qué sentido tiene que envejezcamos?
Entendemos la evolución como un proceso aleatorio que a lo largo de milenios ha transformado una simple bacteria en un animal capaz de plantearse el origen del universo. ¿Por qué, pues, se ha detenido a un paso de la perfección y no nos ha hecho inmortales? A menudo caemos en la tentación de creer que la evolución sigue una especie de plan casi divino. Como me recordó el profesor Von Zglinicki, su trabajo no es velar por nuestros intereses, sino simplemente aumentar nuestra capacidad de procrear.
Todo es culpa de cómo funciona el mecanismo. Las variaciones de nuestro ADN que hacen que generemos más descendencia se convierten, precisamente por este motivo, en más frecuentes en la siguiente generación. Si son suficientemente importantes, al final acaban formando parte de nuestro bagaje como especie. Es cierto que la selección natural también perpetuará genes que nos ayuden a sobrevivir, pero solamente cuando sus efectos nos conduzcan a reproducirnos con más eficacia. Si a lo largo de la historia una mutación nos hubiera hecho insensibles a una enfermedad que aparece solo en edades avanzadas, la selección natural no habría hecho ningún esfuerzo para conservarla, porque no nos hubiera dado ninguna ventaja a la hora de tener hijos. Por eso acabamos siendo víctimas de enfermedades cardiovasculares o del alzhéimer, contra las que solo estamos blindados mientras somos jóvenes y fértiles. Del mismo modo, no hemos desarrollado nada que nos salve del envejecimiento. Así es cómo con el paso del tiempo nos hemos convertido en unas máquinas perfeccionadas de esparcir genomas. El resto (la música, las guerras, la literatura, la filosofía, la política, la ciencia...) no son más que efectos secundarios.
Hay unas cuantas teorías prevalentes que explican por qué envejecemos. La más obvia es que nuestras células acumulan daños y llega un momento en que ya no los podemos reparar. También se ha propuesto que los mismos mecanismos que nos protegen durante la primera parte de nuestra vida nos empujan hacia un desgaste celular progresivo. Por ejemplo, los genes que frenan el cáncer pueden favorecer la acumulación de células envejecidas prematuramente. Una de las teorías más recientes y provocadoras va aún más allá y lo ve casi como una enfermedad infecciosa: las células viejas liberan una serie de productos tóxicos que podrían dañar a sus vecinas. De este modo, la progresión sería lenta, pero geométrica, porque se irían contagiando en cadena unas a otras. A partir de una masa crítica de células afectadas, el impacto sobre el organismo sería cataclismático.
«Todo eso nos lleva a la conclusión de que el envejecimiento es una consecuencia inevitable de respirar, como la polución que sale de un motor en marcha», resumí. El profesor Von Zglinicki se terminó el café de un trago, miró unas nubes grises que se acercaban y me dijo: «Pero ¿y si envejecer fuera solo un accidente, no la consecuencia de nada? La imagen de la balanza en equilibrio entre la vida y la decadencia tiene un indudable atractivo poético, pero hay otras opciones. Nos dejamos llevar por la idea de que la selección natural solo guarda las cosas buenas. Olvidamos que tampoco tiene ninguna presión para eliminar las malas, siempre y cuando estas nos afecten a partir de cierta edad. Quizá la cascada de acontecimientos que participa en el envejecimiento celular es una pequeña desviación accidental de otros mecanismos que ya existían en la célula, mecanismos útiles y necesarios en su forma original. La evolución no habría podido eliminar esta versión pervertida que habría aparecido de forma inesperada, simplemente porque solo se ven sus efectos nocivos cuando ya hemos pasado los genes a nuestros descendientes».
El resto de la tarde no pude dejar de pensar que quizá tenía razón. Si envejecer no es ningún impuesto que tenemos que pagar para poder estar vivos, sino solo un accidente trivial incorporado a nuestro genoma, de repente pierde todo el aura de castigo bíblico que siempre le hemos dado. El tiempo, nuestro gran enemigo, no lo sería por ninguna necesidad biológica ineludible, sino por casualidad. La moneda podría haber caído de la otra cara hace unos cuantos millones de años y ahora tal vez no sabríamos qué son las arrugas. Viviríamos en una sociedad de individuos casi eternos que se aferrarían a la vida y a los recursos con el egoísmo de quienes no quieren compartir sus bienes ni con los hijos. Y seguramente sería una pesadilla horrible.
Opinión, El Periódico, 18/6/11. Versió en català.

martes, 17 de mayo de 2011

"Les noves teràpies de la medicina del segle XXI"



Esta es una conferencia (en catalán) que en la Universidad de Vic el 5 de mayo del año pasado. Es una actualización de los temas de Inmortales y perfectos, centrada en las mejoras terapéuticas que seguramente veremos a lo largo de este siglo. [Si no os funciona el vïdeo haced clic aquí.]

jueves, 17 de junio de 2010

Y ahora el Marburg

Hablábamos hace poco de una posible vacuna para el Ébola. Le llega ahora el turno a su primo hermano, el Marburg, otro de los virus con más mala idea que se conocen (ver Las grandes plagas modernas, p226). Parece que una vacuna experimental está funcionando bien en monos, aunque hay que administrarla poco después del momento de la infección (tiene un cierto efecto hasta 48 horas después).

De todas formas, es una buena noticia que se descubran maneras de frenar estos virus asesinos (recordemos que matan entre 80 y 90% de los infectados) que, a pesar de haber dado hasta ahora sólo brotes pequeños y aislados, son una de las espadas de Damocles que tenemos sobre nuestras cabezas.

miércoles, 20 de mayo de 2009

El problema de los suplementos.

Un interesante artículo de opinión (acceso sólo para suscriptores de la revista FASEB Journal) alerta sobre el peligro de los suplementos y complementos dietéticos que ya comentaba en mi otro blog. Habla de las argucias legales para vender sustancias sin ningún tipo de control, un negocio de miles de millones, y como sólo se retiran del mercado si alguien se queja (por ejemplo, las pastillas StarCaps para adelgazar, y otros suplementos que han causado fallos renales o hepáticos). Ya es hora de que los gobiernos intervengan y empiezen a controlar la venta de los "suplementos" como si fueran fármacos.

viernes, 15 de mayo de 2009

Una crema antiarrugas que funciona?

Siempre digo cuando me lo preguntan que no hay ningún fármaco que frene los efectos del envejecimiento. Según un artículo publicado recientemente, esto podría estar cambiando. Se ha visto que el "No7 Protect & Perfect Beauty Serum" fabricado por Boots contribuye a aumentar la elasticidad de la piel y así reducir significativamente las arrugas en un 70% de las personas que lo usan durante al menos un año.

Éste es uno de los pocos estudios científicos que se han hecho sobre las eficacia de este tipo de productos, y uno de los primeros que demuestra resultados positivos. Hay que aclarar un par de puntos. Primero, el estudio se hizo en sólo 60 personas, un número demasiado bajo para poder sacar conclusiones relevantes. Segundo, los experimentos estaban financiados por la compañía que fabrica el producto. Así pues, haran falta más estudios independientes y de mayor rango para confirmar estos datos. Pero son prometedores.

viernes, 8 de mayo de 2009

Preguntas de los lectores (XXII).

Soy una lectora de tu último libro. Me gustó mucho. Gracias por investigar y mejorar la vida de las personas. Ayer descubrí que el laboratorio Actafarma comercializa un concentrado de resveratrol llamado REVIDOX. Que hay que hacer? Nos lo podemos tomar con seguridad? Tu que harás? Gracias. C. G. G.

El tema de los complementos dietéticos es complejo. Normalmente son sustancias que no han sido estudiadas a fondo y que no se sabe qué efectos positivos o negativos pueden tener. Yo no recomendaría tomar ninguna sustancia hasta que los científicos garantizen su utilidad y que además no creará problemas de salud. Encontrarás un estudio más detallado de este tema en una entrada reciente de mi blog para El Mundo.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Los secretos de las canas al descubierto.

A menudo en ciencia encontramos resultados que apoyan una teoría mientras que otros parecen demostrar que la teoría es errónea. Hablábamos la semana pasada de los nuevos resultados que contradicen la teoría del envejecimiento por daño oxidativo. Ahora se acaba de publicar un artículo que relaciona directamente uno de los signos del envejecimiento, que los cabellos se vuelvan blancos, con la oxidación.

Parece que nuestros cabellos fabrican normalmente una cierta cantidad de oxidantes (en forma de agua oxigenada), que ahora se ha visto que aumenta con la edad. Hasta el punto que estos oxidantes acaban afectando la síntesis de melanina, que és precisamente la sustancia que da color al pelo.

La pérdida de color de nuestro cabello debido al aumento de oxidación con el paso del tiempo puede no tener nada a ver con el envejecimiento de otras células del organismo, pero nos da una pista interesante sobre el efecto de la oxidación en nuestros cuerpos. Claro está, para algunos el problema del cabello blanco no es tal problema (ver foto) y para los que se preocupan, ya existen soluciones muy sencillas en cualquier supermercado. Así pues, no sé si llegaremos a ver algún día champús con antioxidantes...

jueves, 19 de febrero de 2009

Antioxidantes, una vez más.

Parece que le tenga una especial manía a los que comercializan compuestos antixoidantes con pretensiones de curar enfermedades o frenar el envejecimiento. Lo cierto es que este es un ejemplo claro de cómo se puede usar una información científicamente válida para sacar conclusiones con una utilidad comercial evidente sin plantearse siquiera si son correctas. Esto tiene dos peligros obvios. Uno, que el "tratamiento" no tenga ninguna utilidad (como se ha demostrado ya en el caso de los antioxidantes, ver Inmortales y perfectos, página 242). Y segundo, y mucho más grave, que sea nocivo.

Aún no sabemos suficiente sobre porqué envejecemos como para justificar tomar antioxidantes (además, aún no sabemos suficiente sobre los efectos de los antioxidantes en nuestro cuerpo como para estar seguros que no haran ningún daño). Una teoría bastante aceptada propone que la oxidación de nuestras células juega un papel importante en el envejecimiento, por eso podría parecer lógico tomar antioxidantes para frenarlo. Un nuevo estudio añade más leña al fuego diciendo que oxidación y envejecimiento son dos cosas distintas: auqnue es cierto que los radicales de oxígeno dañan el organismo, según sus resultados esto no tiene nada que ver con el envejecimiento. No es la primera voz crítica con la teoría del envejecimiento por oxidación, lo que hace pensar que hay que estudiar más el tema antes de que podamos entender de verdad que está sucediendo cuando nuestro cuerpo envejece y como podemos evitarlo.

viernes, 6 de febrero de 2009

FOXO3A y la longevidad.

Se sospecha que una variante del gen FOXO3A se encuentra más frecuentemente en el genoma de los que sobrepasan los cien años de edad. En setiembre del año pasado se descubrió en americanos de origen japonés y ahora se confirma en una población de alemanes centenarios. Por lo visto, lo mismo sucede en Francia.

¿Qué tiene de mágico FOXO3A? Se ha visto en experimentos con gusanos, un animal usado frecuentemente en estudios de evnejecimiento, que el gen se relaciona con la longevidad, aunque los motivos no són del todo claros. Parece que podría ser también el caso en humanos.

Seguramente no tardarán en comercializarse tests genéticos que nos diran que forma de FOXO3A hay en nuestro genoma, si no están ya disponibles. Esta información podría darnos una cierta indicación de las posibilidades que tenemos de llegar a centenarios. No nos diria, por desgrácia, si un día sufriremos un accidente de circulación que impedirá que se cumpla la promesa de una larga vida. No hay que olvidar que la utilidad real de los datos estadísticos es limitada, a menos que descubramos la relación causa-efecto y podamos hacer algo al respeto.

Escuchad aquí la entrevista que me hicieron en Radio Andalucía Salud sobre este tema.

viernes, 23 de enero de 2009

Entrevista a Aubrey de Grey

La contra de la Vanguardia nos regala hoy otra entrevista interesante, esta vez con el gerontólogo Aubrey de Grey. He comentado con detalle sus terorías radicales del envejeciomiento en Inmortales y perfectos. La mayoría de los lectores, cuando se encuentran sus ideas sobre la inmortalidad o la posibilidad de vivir mil años, piensan que es un farsante, por defecto. Sin duda, su reputación entre los que investigamos el envejecimiento celular no es inmaculada. De Grey tiene tendencia a los golpes de efecto mediáticos, lo que empaña su imagen como científico. El hecho que sólo publique el resultado de sus trabajos en una revista que el mismo dirige parece demostrar que no quiere exponerse al escrutinio y juicio crítico de sus compañeros de profesión, un paso imprescindible para el avance de la ciencia y la aceptación de nuevos paradigmas. Su aspecto de gurú hippie y su personalidad provocadora tampoco ayudan mucho.

A pesar de lo que podamos pensar, escucharlo hablar o leer entrevistas te revela otra cara de De Grey, la científica, más razonable y lógica. Sus teorías quizás sean optimistas o demasiado extremas si consideramos los conocimientos actuales sobre el tema, pero tienen una innegable base científica. Siempre que me preguntan sobre ellas contesto que, si miramos más allá del personaje, De Grey propone unas ideas provocadoras e interesantes. El principal problema es intentar vender la leche sin haber ordeñado la vaca. Para conseguir dinero para investigar, De Grey se salta los caminos habituales, que tienen una serie de procesos destinados a asegurar que los experimentos que se proponen son razonables, y acude directamente al público. Por eso tiene que recalcar las aplicaciones prácticas de sus ideas, esa posible inmortalidad, que es lo que realmente "vende", lo que parece al resto de científicos un intento de correr antes de aprender a gatear. Veremos si, a pesar de los métodos poco ortodoxos, sus investigaciones nos permiten avanzar, poco o mucho, en el campo de las terapias contra el envejecimiento.

lunes, 19 de enero de 2009

Presupuestos.

El dinero que destina el gobierno de Estados Unidos a la investigación define, queramos o no, a qué ritmo avanzará la ciencia en los próximos años: los USA siguen siendo el país que más artículos publica en biomedicina y otras muchas áreas. La semana pasada se hizo público un plan de 825.000 millones de dólares para rescatar la economia del país. 20.0000 de esos millones seran destinados a la investigación.

Esto es una gran noticia, sin duda. Cualquier incremento en el presupuesto científico tiene que aplaudirse. Pero hay que leer también la letra pequeña. La mitad del dinero se va a destinar a biodefensa. Algunos pueden ver esto como una necesidad ante la posibilidad de ataques terroristas con la bacteria del carbunco o el virus de la viruela, por ejemplo. No sé si alguien en el gobierno americano se ha parado a calcular cuanta gente ha muerto de viruela en la última década y cuanta de cáncer. La protección de un estado contra una posible guerra química y bacteriológica es sin duda importante, pero no a costa de los avances científicos.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Longevidad, grasa y reporducción.

Hemos hablado de la restricción calórica como forma de alargar la vida en ciertos animales de laboratorio (ver Inmortales y perfectos, página 256). Se ha demostrado recientemente que el gusano C. elegans, un organismo usado a menudo en estudios sobre envejecimiento (ver foto), vive más cuando se le eliminan las células reproductivas, lo que a su reduce el acúmulo de grasa por un mecanismo aún no descubierto. Este experimento relaciona por primera vez dos factores que ya se sabía que influían en la longevidad: por un lado una reducción de la capacidad reproductiva y por otro la restricción calórica, aquí en forma de exceso de grasa. Aún no está claro cómo podemos aplicar estos avances a la longevidad en humanos.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Preguntas de los lectores (XVI).

Me gustaria que si fuese posible me recomendase titulos de libros, web, o algun otro medio de informacion donde tratase de temas como longevidad e inmortalidad física. Sin más, muchas gracias. A. G. P

Para un estudio en profundidad de lo que sabemos sobre envejecimiento a nivel molecular, el libro Molecular Biology of Aging es el más completo, aunque va dirigido al especialista y puede ser demasiado críptico para el público general. Es interesante la autobiografia Ageless Quest, de Lenny Guarente, uno de los más reputados investigadores del envejecimiento, que mezcla ciencia con datos personales de forma interesante y asequible. Mucho más polémico es el libro de cabecera de Aubrey de Grey, Ending Aging. Como explicamos en Inmortales y perfectos (página 232), de Grey es un científico que cree que la inmortalidad es posible, cosa que ha indignado a muchos expertos. Leer sus teorías por lo menos nos sirve para ver que hay puntos de vista radicales sobre el tema. Su web es la Methuselah Foundation. Otras webs interesantes con bastante información actualizada sobre las líneas actuales de investigación son las del Oxford Institute of Ageing o el National Institute on Aging.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Salvador Macip en Popular Science.

La versión española de la revista Popular Science publica este mes en el número siete un especial sobre envejecimiento y inmortalidad. En él podreis encontrar esta entrevista que me hicieron.

Haz clic aquí para ampliar la imagen. El resto de la entrevista se puede leer aquí.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Vivir más... ¿sin olfato?

Un nuevo avance en el estudio del envejecimiento. Siguiendo la investigación sobre porqué una restricción calórica severa alarga la vida de ciertos animales (ver Inmortales y perfectos, página 256), se acaba de descubrir que bloquear el sentido del olfato en gusanos (con un medicamento anticonvulsivo) hace que vivan más tiempo. Parece que el organismo cree que falta comida y se activen los mismos mecanismos protectores que en la restricción calórica.

No se sabe aún si este fenómeno que funciona en gusanos tiene alguna correlación en humanos, ya que nuestro sentido del olfato es completamente diferente. Por lo menos estos experimentos demuestran que existen fármacos que pueden poner en marcha un programa de longevidad en algunos animales sin tener que reducir las calorías de la dieta. Ahora hace falta encontrar algo parecido que se pueda aplicar a humanos.

martes, 28 de octubre de 2008

Un largo camino.

Me han preguntado estos días sobre el papel que juegan las compañías farmacéuticas en la medicina. Aunque no hay que olvidar que se trata de un negocio, la cantidad inmensa de tiempo y capital que hay que invertir en crear nuevos fármacos hace vital la contribución de las farmacéuticas.

Según la página web de Roche, estas son las cifras: mil millones de dólares, más de un millón de horas de trabajo, más de seis mil quinientos experimentos y el trabajo de 423 investigadores. Todo para conseguir un sólo fármaco.