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martes, 19 de julio de 2016

Dolly, 20 años después

A finales de los años 90, cuando estaba en la recta final de la tesis, me propusieron dar una serie de conferencias en asociaciones de la tercera edad repartidas por toda Catalunya. Fue la primera vez que tuve la oportunidad de hacer divulgación. La experiencia resultó tan satisfactoria que, desde entonces, siempre procuro encontrar alguna manera de hablar de novedades científicas con todo el mundo que me quiera escuchar.

Lo recordaba esta semana porque el pasado martes se cumplió el 20º aniversario del nacimiento de la famosa Dolly, la oveja clonada a partir de una célula adulta. Dolly era una de las estrellas de mis charlas para jubilados porque entonces hacía muy poco que Ian Wilmut y otros científicos del Roslin Institute de Edimburgo la habían presentada al mundo. La gente quería saber quién era exactamente esta bestia con nombre de cantante de country (la habían bautizada así por Dolly Parton) y qué significaba este avance sorprendente que salía en todos los periódicos. Y, sobre todo, me preguntaban si esto implicaba que pronto podríamos 'fotocopiar' humanos. A pesar de que parecía una cuestión fácil de contestar, incluso hoy no hemos sabido encontrar una respuesta.

Dolly no fue el primer animal clonado. Este honor lo tiene una rana creada en 1958 por sir John Gurdon, pionero de las células madre y premio Nobel en el 2012. Tuvieron que pasar casi 40 años para que aquellas técnicas pioneras se pudieran aplicar a los mamíferos. Esta es la razón por la cual Dolly creó un revuelo extraordinario: acercaba peligrosamente a nuestro entorno más cercano la posibilidad de hacer duplicados genéticos. Pocos años después el hito se repetiría con otros mamíferos: ratones, vacas, cabras... Parecía que no tardaríamos mucho en añadir nuestro nombre en la lista.

Pero los experimentos con embriones humanos todavía se resistían, por motivos que no estaban del todo claros. En el año 2004, el coreano Hwang Woo-suk proclamó que había creado células madre clonadas a partir de un donante, el primer paso del proceso, pero al final se descubrió que todo había sido un engaño. No fue hasta nueve años después cuando, al parecer, por fin se había conseguido de verdad. Más allá de la posibilidad de copiarnos (crear un ejército de clones como el de 'Star Wars' no ha sido nunca una prioridad científica), esto podría servir para personalizar células madre que se podrían utilizar para reparar o sustituir órganos que no funcionan, sin que crearan un rechazo al cuerpo porque tendrían nuestro mismo ADN. Ha sido necesario que transcurran dos décadas, pero finalmente lo que avanzaba en mis conferencias sobre qué podía pasar gracias a las puertas que se habían abierto con Dolly comienza a tomar forma.

Gracias a aquel ciclo de charlas conocí a un montón de personas interesantes, personas mayores que no querían que este mundo se les escapara de las manos y que, a pesar de que les parecía que habían caído en un cuento de ciencia ficción y no podrían salir, luchaban por no quedar fuera de juego. Gente de todo tipo (universitarios, agricultores, empresarios, amas de casa...) que tenían una cosa en común: ganas de saber, uno de los impulsos más básicos y antiguos del ser humano.

Solo necesitaba un proyector de diapositivas y una pantalla para enseñarles la cara de Dolly y podía hacerles soñar con un universo fantástico que seguramente no llegarían a conocer nunca. Pero tenían suficiente sabiendo que sus hijos y sus nietos quizá sí que lo podrían disfrutar.

Aquel futuro que nos prometía Dolly ha resultado bastante diferente de cómo nos lo imaginábamos. Ni siquiera ahora nos es posible adivinar qué efecto tendrán estos descubrimientos en la sociedad. Esto siempre será así. Por muchas previsiones que hagamos, y los científicos nos lo piden cada vez que tenemos un micrófono delante, nunca llegaremos a acertar cuándo se harán realidad las maravillas que pronosticamos. Algunas cosas que ahora nos parecen fáciles de conseguir resultarán imposibles y otras que ni se nos habían ocurrido se convertirán en revelaciones imprescindibles. Y, si todo va bien, iremos avanzando poco a poco hacia un lugar mejor gracias a la ciencia.

Veinte años después de Dolly continúo tratando de explicar qué hacemos los investigadores en el laboratorio y cómo intentamos cambiar el mundo. Dedico tiempo porque me gusta, porque creo que es uno de los deberes de los científicos y porque estoy convencido de que la sociedad necesita estar bien informada para poder elegir su destino. Únicamente espero que, dentro de 20 años más, cuando sea yo quien pase las tardes en un club de jubilados, un jovencito me explique ilusionado todas las cosas fabulosas que pronto deberían ser posibles, y que yo lo sepa escuchar con el mismo entusiasmo que demostraba mi primer público.

[Publicado en El Periódico, 11/06/16. Versió en català.] 

martes, 20 de mayo de 2014

La hora de clonar

Hace diez años, un científico coreano llamado Hwang Woo-suk se hizo famoso de la noche a la mañana. Salió en la portada de periódicos de todo el mundo y se convirtió en un héroe nacional en su país. ¿El motivo? Ser la primera persona que conseguía aplicar la transferencia nuclear somática a células humanas. Dicho así, no parece gran cosa, pero si explicamos que esta es precisamente la técnica que permitió al equipo de Ian Wilmut obtener la oveja Dolly en 1996 comprenderemos el revuelo que se generó: Hwang había dado el primer paso para clonar una persona.

La comunidad científica se apresuró a remarcar que ese no era el objetivo, ni de Hwang ni de ninguno de los investigadores que trabajaban en el tema. La transferencia nuclear permite poner el ADN de una célula adulta cualquiera dentro de un óvulo y luego estimularlo para que empiece a multiplicarse y formar un embrión, con el objetivo de extraer células madre (lo que se denomina clonación terapéutica). En otras palabras, es un sistema para conseguir células madre personalizadas que se podrían utilizar para regenerar cualquier tipo de tejido sin sufrir por la posibilidad de que el cuerpo las rechazara. Esto, y no la posibilidad de dejar crecer el embrión esperando que terminara naciendo un clon, merecía un premio Nobel.

Pero no hubo ningún premio para Hwang. En el 2007 se demostró que lo que había anunciado era falso. Había manipulado las imágenes de sus artículos, por lo que ningún otro grupo había conseguido reproducir los resultados. Hwang fue denunciado, destituido, humillado y perseguido (su rocambolesca historia a partir de entonces merece un libro entero), y el tema de la clonación terapéutica cayó en desgracia. Parte de la culpa fue también del japonés Shinya Yamanaka, que justo entonces presentaba una manera alternativa de conseguir las células madre personalizadas sin necesidad del paso previo de crear un embrión. Eran las células pluripotentes inducidas, que, esta vez sí, reportaron el Nobel a su creador en el 2012.

Ocho años después de su primera aparición, las células inducidas aún no se han podido utilizar para ninguna terapia. Hay muchos estudios en marcha (el primer ensayo clínico, para tratar una forma de ceguera, tiene lugar actualmente en Japón) y las posibilidades son inmensas, pero también hay expertos que desde el principio creen que, aunque no representan un problema ético (no se destruyen embriones al generarlas), no son ni mucho menos tan poderosas como las células embrionarias a las que se supone que imitan. Es por eso que la investigación en el campo de la clonación terapéutica no se ha detenido del todo, a pesar de que el fraude de Hwang hiciera que el tema perdiera la popularidad que tenía inicialmente.

Hace unas semanas, finalmente se conseguía lo que Hwang había falseado una década antes: Dong Ryul Lee y Young Gie Chung, en Seúl, y Dieter Egli, en Nueva York, generaban las primeras células madre personalizadas humanas usando la transferencia nuclear. Esta vez el impacto mediático ha sido mucho menor, a pesar de que el grupo del doctor Egli incluso ha ido un paso más allá: con esta técnica ha generado células productoras de insulina que, una vez trasplantadas en ratones, dicen que funcionan normalmente. El potencial para tratar la diabetes, una vez se solucionen una serie de obstáculos técnicos, es fenomenal.

Pero la transferencia somática nuclear es una técnica incómoda. Plantea una serie de problemas morales que preferiríamos no tener encima de la mesa. Para empezar, hay que obtener un número importante de óvulos de donantes, lo que no es sencillo. Si la técnica realmente se hiciera popular, ya hay quien se imagina que se acabarían instaurando granjas de mujeres pobres que venderían sus óvulos para que los países ricos pudieran usarlos. Además, siempre existe el temor de que algún irresponsable aproveche los conocimientos para continuar por otro camino y terminar generando clones de verdad. Las implicaciones éticas de tener copias genéticas de alguien corriendo por el mundo son demasiado complejas para detallar aquí, sobre todo teniendo en cuenta que hoy en día es muy fácil obtener ADN de una persona sin que se dé cuenta: basta con robarle un cabello o un poco de saliva. Así pues, podría ser relativamente sencillo clonar a alguien contra su voluntad.

Las células pluripotentes de Yamanaka deberían ahorrarnos todo esto, si acaban funcionando, pero ahora ya es demasiado tarde: hemos abierto la caja de Pandora y no podemos hacer ver que no pasa nada. Tarde o temprano tendremos que coger el toro por los cuernos y discutir cómo regulamos las técnicas de clonación para que podamos aprovechar todo su potencial terapéutico sin crear un descalabro social. Si es que eso es posible.

El Periódico, Opinión, 22/3/14. Versió en català.

martes, 3 de diciembre de 2013

La conciencia en un plato de cultivo

Quizá uno de los avances más sorprendentes de la biomedicina de este siglo ha sido conseguir fabricar tejidos humanos en el laboratorio. Es el primer paso de lo que se ha denominado medicina regenerativa: producir las piezas de recambio que necesitaría un cuerpo enfermo para funcionar de nuevo. Gracias a la habilidad de las células madre de poderse convertir en cualquiera de los tipos de célula que hay en un organismo hemos podido generar fragmentos de hígado, de pulmón e incluso partes de un ojo, que se han comportado como sus homólogos una vez se han introducido en animales o, incluso, en los primeros voluntarios humanos. Sin ir más lejos, el grupo del doctor Juan Carlos Izpisúa, del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona, anunciaba recientemente en la revista Nature Cell Biology que había creado por primera vez un tejido de riñón funcional usando células madre de embriones de ratones.

Todo esto nos está llevando hacia los trasplantes a la carta, que un día podrían solucionar problemas tan comunes como la diabetes o la insuficiencia renal. De momento solo se han probado versiones más sencillas, como por ejemplo los estudios que el doctor Paolo Macchiarini hace con tráqueas. Su técnica, desarrollada en el 2008 en el Hospital Clínic de Barcelona, empieza tomando una tráquea de un donante, que se limpia de células. La estructura resultante se llena con células madre del paciente, que terminan formando el tejido necesario para que la tráquea funcione sin rechazo una vez sustituya a la que está estropeada.

Pero las cosas se están complicando rápidamente. El grupo del doctor Juergen Knoblich publicaba hace poco un artículo en la revista Nature donde explicaba que, con la ayuda de una mezcla especial de sustancias químicas, había creado en un plato de cultivo lo que, a efectos prácticos, se podrían considerar minicerebros. En su laboratorio pusieron un puñado de células madre en una sustancia gelatinosa parecida a la que existe entre los tejidos en el cuerpo humano. Después le añadieron las condiciones adecuadas de temperatura, oxígeno y nutrientes y dejaron que las células se reprodujeran a su ritmo. Al cabo de unos días habían comenzado a formar espontáneamente unas pequeñas estructuras de tres o cuatro milímetros de diámetro que recordaban mucho el cerebro de un feto de nueve semanas. Efectivamente, cuando las miraron en el microscopio vieron que, aunque no se parecían del todo a ninguna construcción cerebral real, se organizaban en áreas neuronales diferentes que interaccionaban entre ellas, tal como lo haría un órgano vivo.

El cerebro es una parte de nuestro cuerpo que tiene una relevancia especial, precisamente porque lo que nos separa de los otros seres vivos es tener un córtex más desarrollado que nos permite una serie de funciones superiores únicas. La más relevante es posiblemente la habilidad de darnos cuenta de que existimos, que desde el principio nos ha llenado de incertidumbre necesaria para empujarnos a inventar almas, paraísos o reencarnaciones que justifiquen nuestra presencia en este planeta. Ahora, gracias a una sencilla combinación de células madre y productos químicos podemos formar partes de un cerebro en un plato de cultivo. ¿Quiere decir esto que un día seremos capaces de construir unidades artificiales conscientes de estar vivas? Las consecuencias éticas serían enormes. Ya fueron muy polémicos los trabajos de Craig Venter, que años atrás confeccionó un ser vivo prácticamente de cero, solo acoplando sus piezas básicas en el laboratorio. En aquel caso se trataba de una simple bacteria. ¿Qué pasaría si en el futuro pudiéramos crear vida con unas capacidades cerebrales más parecidas a las nuestras? ¿Será posible obtener un cerebro artificial a partir de un puñado de células, con todas las complejidades físicas y mentales que esto implica?

Hay que subrayar que la importancia de los trabajos del doctor Knoblich, de momento, radica sobre todo en haber proporcionado a la comunidad científica una manera de estudiar el cerebro humano que puede ser más precisa que las que se usan actualmente. Ningún animal tiene un cerebro tan complejo como el nuestro, y por eso es difícil extrapolar resultados. Además, experimentar con otros primates, los parientes más cercanos, genera casi tantos problemas morales como hacerlo con humanos. Disponer de fragmentos de cerebro para manipular en el laboratorio nos puede ayudar a entender mejor cómo se desarrollan, se relacionan y funcionan las neuronas y, a la vez, nos proporciona un modelo para estudiar su respuesta a tratamientos que podrían mejorar enfermedades cada vez más frecuentes, como el párkinson o el alzhéimer. Esto, por sí solo, ya es un avance considerable. Pero lo que nos espera a la vuelta de la esquina puede ser realmente rompedor.

El Periódico, Opinión, 5/10/13. Versió en català.

lunes, 9 de septiembre de 2013

La velocidad del progreso

La investigación biomédica está dando tantas sorpresas últimamente que a veces nos cuesta asimilar todas las implicaciones que acompañan a los nuevos descubrimientos. Pongamos por caso la hamburguesa que hace pocas semanas unos científicos holandeses anunciaban que habían fabricado en su laboratorio. Mientras nos fijábamos en anécdotas como el gusto poco sabroso que decían que tenía o el elevado coste del proyecto, nos pasaba por alto que el experimento era la demostración de que, a partir de células madre, podemos generar con bastante fidelidad un tejido complejo como es el músculo. Podría ser muy útil en medicina regenerativa, por ejemplo para reparar corazones que han sufrido un infarto o rehacer extremidades dañadas en un accidente.
Aunque pueda parecer fantástico, no queda tanto para ver aplicaciones clínicas rutinarias de este tipo de técnicas. Y en un campo diferente, la carne artificial seguramente no terminará con el hambre en el mundo como repetían muchos medios, sobre todo porque hay formas más prácticas de hacerlo, pero sí podría hacer llegar proteínas de calidad a una población mundial en constante crecimiento utilizando una forma alternativa, mucho más sostenible que la ganadería, que tiene una huella ecológica considerablemente alta. Esto todavía queda lejos, pero ya hemos dado los primeros pasos en esta dirección y no parece que a largo plazo tenga que ser un objetivo inalcanzable.
La simplicidad de la idea básica que mueve estas líneas de investigación, el hecho de producir en un plato de cultivo tantas células como nos hagan falta del tipo que queramos, nos está llevando hacia direcciones inesperadas. Pocos hubieran imaginado hace 20 años que estaríamos discutiendo seriamente posibilidades más propias del terreno especulativo de la ciencia ficción. Estamos empezando a dejar de lado los problemas asociados con conseguir las preciadas células madre a cambio de destruir embriones, el principal caballo de batalla e impedimento moral hasta ahora, porque seguramente podremos evitarlo gracias a alternativas como las células inducidas que dieron el Nobel a Shinya Yamanaka el año pasado. Con esta nueva libertad, si llevamos la teoría a sus últimas consecuencias entraremos en un campo tan apasionante como éticamente espinoso.
Imaginemos que tomamos una célula de la piel de una persona y, usando las técnicas de Yamanaka u otras variantes que se han propuesto después, hacemos que se convierta en algo parecido una célula madre. Si sabemos la receta química adecuada, conseguiremos después que nos dé un puñado de células de hígado, de pulmón o de lo que sea. Todo esto ya es posible hoy en día. ¿Podríamos generar también otras más peculiares, como por ejemplo espermatozoides u óvulos, las células germinales que usamos para reproducirnos? Es un poco más complicado, pero desde finales del año pasado parece que no imposible. Los doctores Hayashi y Saitou, de la Universidad de Kioto, en Japón, lograron hacerlo en ratones: usando una célula de la piel produjeron óvulos que, una vez fecundados e implantados en una hembra, generaron animales normales. Es fácil ver que si algún día pudiéramos aplicar este procedimiento en los humanos satisfaríamos las necesidades de muchas mujeres con problemas de fertilidad.
Pero vayamos un poco más allá. Nadie nos dice que, siguiendo los mismos principios, no pudiéramos intentar superar las limitaciones biológicas de nuestros cuerpos y crear espermatozoides a partir de una célula de una mujer, u óvulos utilizando la de un hombre. Esto significaría que dos personas del mismo sexo podrían tener un hijo que fuera la combinación genética de los dos, lo que las técnicas de fecundación asistida no nos permitirán nunca. Es una posibilidad de momento teórica que pronto dejará de serlo. Ahora piensen en las úlceras que este posible paso adelante en la normalización de las relaciones homosexuales provocará en Rusia, Uganda y los otros setenta y tantos países donde todavía existen leyes que criminalizan a gais, lesbianas y transexuales.
Parecía que sería algo que en el siglo XXI deberíamos superar, pero lo cierto es que la ciencia aún avanza más rápido que la sociedad, como ocurría en la edad media. De acuerdo que hemos evolucionado mucho desde entonces, pero acabamos de decir que vivimos en un planeta donde es frecuente legislar en contra de una variante biológica tan incontrolable como el color de los ojos o la altura. Mientras intentamos solucionar esta incongruencia, los laboratorios de todo el mundo ya están a años luz de distancia. ¿Qué tipo de conflictos creará un decalaje como este? ¿Seremos suficientemente maduros para aceptar un progreso que se opone frontalmente a las convicciones más atávicas? Realmente nos esperan unas décadas muy interesantes. 

El Periódico, Opinión, 7/09/13. Versió en català.

martes, 17 de mayo de 2011

"Les noves teràpies de la medicina del segle XXI"



Esta es una conferencia (en catalán) que en la Universidad de Vic el 5 de mayo del año pasado. Es una actualización de los temas de Inmortales y perfectos, centrada en las mejoras terapéuticas que seguramente veremos a lo largo de este siglo. [Si no os funciona el vïdeo haced clic aquí.]

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Comed vegetales (a pesar de todo)

Los médicos (yo el primero) siempre recomiendan comer mucha fruta y verdura. Una dieta equilibrada tiene un montón de beneficios entre ellos, se creía, prevenir el cáncer. O quizá no. Un estudio publicado ayer en el British Journal of Cancer ha consultado datos epidemiológicos de los últimos diez años y ha llegado a la conclusión de que no hay una relación clara entre comer más fruta y verdura y tener menos cáncer. Tiene un efecto mucho más importante, dicen, dejar de fumar y beber (esto también lo recomendamos los médicos).

Que este estudio no le sirva de excusa a nadie: un contenido alto de fruta y verdura en la dieta sigue protegiendo contra problemas cardíacos y nos ayuda a controlar la obesidad, que continúa siendo uno de los mayores problemas de salud de los países civilizados.

martes, 9 de marzo de 2010

Las iPS no son todo lo que parece.

Las iPS, que se supone que tenían que susituir las células madre embrionarias (CME) en las futuras terapias de medicina regenerativa, no han pasado uno de los examenes clave. Acaba de salir un artículo que demuestra que las iPS no son tan eficaces como las CME a la hora de convertirse en cualquier tipo de célula. Además, parece que les falta otra característica importante: la inmortalidad. Las células madre son las únicas células de nuestro cuerpo (a parte de las cancerosas) que pueden vivir por un tiempo indefinido.

Pero otros artículos aparecidos anteriormente han presentado resultados opuestos. Parece pues que la efectividad de las iPS es muy variable y que depende de los métodos usados para reprogramar las células. Podrían ser buenas sustitutas de las CME en algunos casos, pero quizá no en todos.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Cada vez más fácil.

Conseguir células repogramadas, las iPS que pueden llegar a reemplazar las células madre, es cada vez más fácil. Desde los primeros experimentos del doctor Yamanaka hace tres años hasta ahora se ha avanzado mucho. Lo último: con un sólo cambio genético se ha conseguido reporgramar células adultas de ratón y convertirlas en iPS.

Recordemos que el gran problema de las iPS es tener que introducir una serie de genes en la célula, algunos de ellos relacionados con el cáncer. Esto se hacía inicialmente usando un virus como transportador del material genético, un método que también puede causar cáncer por si mismo. En el nuevo estudio han evitado usar virus y han hecho la reprogramación en un solo paso, saltándose así muchos de los riesgos de la técnica original. El descubrimiento no tiene ninguna utilidad práctica en humanos, ya que implica crear manipular el genoma para obtener un animal transgénico, algo inviable en el ser humano, pero es muy valuoso desde el punto de vista experimental, ya que permitirá obtener iPSs de forma más segura y efectiva.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Preguntas de los lectores (XXV).

¿Estados Unidos este año que entra va a poner en uso clínico un farmaco con celulas madre embrionarias? Eso sería un buen empujón. Creo que el uso de celulas madre esta más cerca de lo que creemos. Muchas gracias. I. M. G.
Estamos cada vez más cerca de poder usar células madre (o las casi equivalentes iPS) para tratar enfermedades, sin duda, pero aún nos quedan muchas pruebas para asegurarnos que son seguras y realmente útiles. Una primera fase de estudios de laboratorio podríamos considerar que está más o menos completa y es cierto que en Estados Unidos se han aprobado los primeros ensayos clínicos. Pero antes de que estos tratamientos puedan llegar al público pasarán aún muchos años, si juzgamos por el tiempo que tarda cualquier fármaco a superar todos los controles necesarios. La semana pasada se publicó en la revista Nature Reviews Genetics una entrevista a cuatro expertos en iPS, entre ellos el Dr Yamanaka y el Dr Ispizúa Belmonte, donde precisamente comentaban que aún queda mucho por hacer. Hay que tener paciencia.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

El dinero prometido.

Explicábamos ya en Inmortales y perfectos que en California iban a financiar la investigación sobre células madre con dinero del estado. Han tenido que pasar unos años (y un cambio de presidente) para conseguir desbloquear los fondos. Esta semana se anuncia que el dinero empieza a fluir. Algunos pueden pensar que llega tarde, ahora que estan más de moda las iPS.

jueves, 29 de octubre de 2009

Reiniciamos

Empiezo pidiendo disculpas por estos cuatro meses de silencio. Encargarme de mi otro blog de divulgación y acabar de escribir el próximo libro (más detalles en breve) han impedido que pudiera actualizar este blog con la frecuencia habitual. Vamos a ver si recuperamos el ritmo.

Sólo una nota breve hoy para decir que un viejo conocido de este blog, el doctor Hwang, ha sido finalmente condenado a dos años de prision por malversación de fondos. Recordemos que Hwang se vió envuelto en un escándalo por haber falsificado resultados de sus experimentos con células madre. Sus detractores se quejan de que Hwang no haya sido condenado también por fraude gracias a un tecnicismo. A la práctica esto significa que Hwang no va a ir a la cárcel y podrá continuar con sus trabajos sobre la clonación. Quizás es lo mejor para la ciencia, si es que ha aprendido la lección.

miércoles, 29 de abril de 2009

Preguntas de los lectores (XXI)

Tengo mi señora que sufre una incapacidad visual. En su momento le diagnosticaron nistagmus o algo asi quisiera saber si con las celula madre tiene alguna posibilidad de mejorar su situacion. Gracias. D.S.
Creo que es importante insisitir en que actualmente no hay ningún tratamiento con cél·lulas madre embrionarias que esté aprobado en humanos. Habrá que esperar aún un poco más. De todas maneras, no sé si el nistagmus llegará a ser algun día una enfermedad candidata a ser tratada con células madre. Actualmente hay algunos fármacos para tratarlo, más o menos útiles según la gravedad de los casos.

He comentdo este tema algunas veces en este blog y otros sitios. Un resumen de mis opiniones se puede encontrar aquí.

domingo, 26 de abril de 2009

El engaño de las células madre.

Aparecia esta semana en La Vanguardia un extenso artículo sobre las terapias con células madre que se practican sin ningún tipo de garantía ni control. Hemos comentado en este blog estas notícias hace ya meses (aquí, aquí i aquí) y mencioné también el tema en mi primer post para el blog Investigación de El Mundo.es. A ver si de una vez para todas queda claro que aún quedan muchos interrogantes para resolver.

lunes, 6 de abril de 2009

No sólo en el cordón umbilical hay células madre...

Esto es lo que aseguran un grupo de investigadores franceses. En un artículo reciente revelan que han encontrado células madre también en el líquido amniótico que envuelve al feto. Los datos son de experimentos con ratones y también de muestras obtenidas de voluntarias embarazadas. Aún no se sabe si estas células son tan útiles como las del cordón umbilical y si son suficientemente abundantes para ser guardadas para futuros usos terapéuticos. Considerando lo difícil que es obtener células madre (sin tener en cuenta las iPS), cualquier fuente adicional es bienvenida.

miércoles, 4 de marzo de 2009

¡Ahora sin virus!

Quizás la noticia científica de la semana es la publicación en la revista Nature de dos artículos importantes en el campo de las células pluripotentes (iPS), las posibles "sustitutas" de las células madre embrionarias. Uno de los problemas de las iPSs es que hay que "inyectar" una serie específica de genes a la célula que se quiere convertir en iPS. Para hacerlo, el mejor método hasta ahora era usar virus como "mensajeros". Uno de los inconvenientes es que estos virus pueden tener efectos secundarios importantes, incluso causar cancer.

Los nuevos artículos demuestran que se puede hacer llegar los genes a la célula sin necesidad de usar un virus, lo cual aumenta la seguridad del proceso. El sistema aún se tiene que optimizar, pero representa un paso importante hacia el posible uso en el futuro de las iPS en terapias regenerativas.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Un efecto secundario inesperado.

Este estudio nos da un toque de alerta en lo que se refiere a las posibles terapias con células madre embrionarias. Un joven que padece una rara enfermedad genética fue tratado en una clínica de Moscú con inyecciones en el cerebelo de células madre obtenidas de embriones. Cuatro años después le ha aprecido un tumor en la médula y otro en el cerebro, por suerte benignos. Un análisis del tumor reveló que, efectivamente, se originó a partir de las células inyectadas.

Como hemos comentado estos úiltimos meses, aún queda mucho para saber si las terapias con este tipo de células van a ser útiles y, sobretodo, seguras. El problema que las células madre tengan muchas características comunes con las células cancerosas, por ejemplo, hace temer que puedan generar tumores parecidos a los que se han visto en este caso. Resultados como el de este artículo justifican que se proceda con precaución y se investigue más el tema. Por desgracia hay países donde las regulaciones son muy laxas y se permiten este tipo de terapias "experimentales". Otros, como los Estados Unidos, estan siguiendo una serie de pautas cautelosas para determinar todos los riesgis posibles, lo que parece una estrategia mucho más razonable.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Mucho ruido para nada?

Hablábamos el verano pasado de que el gobierno del Reino Unido había aprobado la investigación con embriones híbridos, mezcla de células humanas y animales. Recordemos que la idea era encontrar una manera efectiva de generar células madre. Se publica en un artículo hoy que los híbridos que se han estudiado no se han desarrollado más allá de unas fases muy iniciales, insuficiente para dar células madre de calidad. Los científicos cuentan que lo intentaron en más de mil ocasiones usando diferentes técnicas y ninguna funcionó. Hasta ahora sólo un grupo ha anunciado que ha obtenido células madre de un embrión híbrido, experimento que no se ha podido replicar de momento.

Parece pues que toda la polémica alrededor de este tema (ver Inmortales y perfectos, página 147) ha sido innecesaria, ya que el método no ha cumplido las expectativas.
(Ilustración del Daily Telegraph)

viernes, 30 de enero de 2009

Preguntas de los lectores (XIX)

¿Cuando se cree que se van a utilizar las celulas madre? I.M.

Supongo que esta es la pregunta más obvia después de lo que discutimos la semana pasada. La respuesta más sensata: no lo sé.

Los resultados positivos en el laboratorio siguen apareciendo sin parar. Recientemente se ha podido regenerar una lesión espinal en animales usando células madre o generar por primera vez células germinales a partir de iPS, lo que permitiría solucionar ciertos problemas de infertilidad (como discutíamos en Inmortales y perfectos). Éstos son sólo los últimos ejemplos. Hay muchos otros y vendran muchos más. Pero hay que recordar que del laboratorio al enfermo hay un camino muy largo que recorrer. Además, nadie nos puede garantizar que este camino sea posible. Recordemos el caso de la terapia génica (ver Inmortales y perfectos), que a pesar de su gran potencial sólo ha cosechado éxitos menores (uno de ellos esta misma semana).

Es esperanzador ver cómo los primeros ensayos clínicos de medicina regenerativa empiezan en el Reino Unido y, finalmente, en los Estados Unidos, pero esto es sólo el primer paso. Hace ya diez años que se aislaron las primeras células madre embrionarias y aún seguimos intentanto entender cómo podemos usar sus recursos. Hay que recordar que las células madre obtenidas de adultos, que no són tan potentes ni versátiles, se usan desde hace décadas para tratar ciertas enfermedades, como las leucemias o, como demuestra un ensayo preliminar reciente, las fases iniciales de la esclerosis múltiple. Es decir, una parte de su potencial ya lo estamos aprovechando. Cómo explotar al máximo las posibilidades de regenerar cualquier tejido enfermo sin causar efectos secundarios terribles sigue siendo el problema.
¿Está el campo de las céluals madre avanzando demasiado despacio? ¿O quizás demasiado rápido? Algunos expertos ya han expresado su desacuerdo con la decisión de dar luz verde a las pruebas clínicas de Gerón en Estados Unidos, arguyendo que no hay suficientes datos sobre la seguridad del proceso. Segun sus argumentos, el ensayo es precipitado, ya que los estudios en el laboratorio no han aportado suficientes datos para predecir que el tratamiento funcione. Obviamente, la presión popular y el deseo de empezar a tener resultados puede actuar en contra de la lógica científica, que requiere tiempo y muchos experimentos preliminares antes de empezar a probar nuevas terapias en humanos.

Así pues, la conclusión es que hay que tener paciencia. No sabremos si las células madre son tan útiles como creemos hasta que pasen unos cuantos años más. A lo mejor incluso décadas. Y esto suponiendo que no aparezcan complicaciones inesperadas.

sábado, 24 de enero de 2009

Y ahora Estados Unidos

Hablábamos esta misma semana del primer ensayo clínico de medicina regenerativa, que tiene lugar en el Reino Unido. Los Estados Unidos, que hasta ahora habían sido cautelosos, acaban de aprobar también un ensayo similar para el tratamiento de lesiones de medula espinal, que podrá en marcha la compañía Geron, de California. Falta menos para empezar a ver los resultados de estas pruebas y descubrir si la terápia regenerativa con células madre es viable.

jueves, 22 de enero de 2009

Últimas novedades en el campo de las células madre

El campo de las células madre sigue generando titulares sin parar estos días. Por un lado el Reino Unido ha anunciado el visto bueno al primer ensayo clínico de medicina regenerativa con células madre (para tratar la pérdida de neuronas y de funciones tras un infarto cerebral). Recordemos que el año pasado los Estados Unidos pospusieron el inicio de los ensayos clínicos con células madre hasta que hubiera más datos sobre su seguridad. Será importante ver qué conclusiones se pueden sacar del estudio británico, puesto que serán las primeras en definir la viabilidad de este tipo de tratamientos.

Un artículo publicado en PNAS describe un experimento en ratones en el cual se "curaron" ratones hemofílicos con iPS (células pliuripotentes inducidas) obtenidas a partir de células de la cola de los mismos ratones. Una prueba más que, en teoría, las iPS pueden ser buenas sustitutas de las células madre tradicionales cuando se trata de usarlas como tratamiento.

Por otro lado, en una carta a la revista Nature, científicos japoneses se quejan de que su gobierno confía tanto en las iPS (recordemos que fueron creadas por primera vez en Japón) que está poniendo trabas a la investigación de las células madre clásicas, algo que estos científicos consideran contraproducente.

Finalmente, la International Society for Stem Cell Research (Sociedad Internacional de Investigación en células madre, ISSCR) publicaba hace unos meses unas guías para evitar que los enfermos sean engañados por las numerosas clínicas que ofrecen "tratamientos" con células madre, los cuales no se ha demostrado que sean útiles o siquiera seguros. Hoy en día se ofrecen en internet terápias de este tipo contra el autismo, el Párkinson o las lesiones de médula espinal, ninguna de ellas apoyada por resultados científicos demostrables. Hay que estar alerta.