lunes, 17 de febrero de 2020

Por qué la menopausia no es tan mala idea

El universo tiene muchos enigmas para los cuales la ciencia aún no ha encontrado una explicación. Quizá una gran parte se esconden fuera de nuestro planeta pero, sin tener que ir tan lejos, aquí mismo estamos rodeados de un montón de misterios por resolver. Para empezar, el ser humano es una fuente inagotable de preguntas sin respuesta. Incluso cosas que habitualmente ignoramos por lo cotidianas que son pueden contener rompecabezas sorprendentes. Pensemos, por ejemplo, en la menopausia. ¿Qué sentido tiene? ¿Por qué las hembras de algunas especies, incluyendo las humanas, tienen que sufrir este incómodo periodo de desequilibrios hormonales para acabar perdiendo la capacidad de procrear? Parece absurdo.

Antes de considerar el tema, recordemos las reglas del juego. La gran diversidad de seres vivos de la Tierra es consecuencia de la evolución. En una primera fase, aparecen mutaciones espontáneas en el ADN de un organismo. Solo los cambios genéticos que proporcionan una ventaja reproductiva (más capacidad de alimentarse, más resistencia al entorno, más número de crías que sobreviven...) se incorporarán al genoma de la especie. Esto lo determina la selección natural: el individuo más apto procreará mejor, al igual que sus descendientes, y así sus genes se convertirán en los más habituales de la población.

Volvamos a la pregunta inicial: ¿dónde encaja la menopausia en todo esto? Definitivamente, no aumenta las posibilidades de reproducirse, sino al revés. Debería ser mejor para la supervivencia de la especie que, como en el caso de los machos, las hembras pudieran criar hasta el final, en lugar de dejar de ovular en un momento dado. Pero, en cambio, la selección natural ha determinado justo lo contrario en unos pocos casos (en mamíferos, de momento solo se ha visto en algunas ballenas, aparte de nosotros). ¿Por qué? Si pensamos en los humanos, cuando emergieron los primeros 'Homo sapiens', la menopausia debía ser una rareza, porque la mayoría de mujeres morían antes de tener la edad de pasarla (se cree que solo el 17% superaba los 40). Pero, a pesar de todo, parece que la evolución ya nos había incorporado este complejo programa en el genoma. Si no sirviera de algo, no habría sido así. Este es el misterio que hay que resolver.

Una hipótesis que lo intenta explicar, y que actualmente es la más aceptada, es la de las abuelas: disponer de un contingente adicional de hembras experimentadas al cuidado de las crías de la familia y que les transmita sus conocimientos aumentaría las posibilidades de que sobrevivieran hasta poder reproducirse ellas también. En este escenario, la menopausia sería una manera de proteger a las abuelas: al principio, buena parte de la mortalidad femenina estaba relacionada con el embarazo y el parto. Una mujer que dejaba de parir tenía muchos más números de poder llegar a vieja.

Un artículo reciente, publicado en la revista 'PLOS Biology', propone una hipótesis alternativa y a la vez complementaria: quizá la menopausia ha aparecido para evitar que las mujeres tengan cáncer. El cáncer es uno de los grandes problemas de los organismos pluricelulares. En cuanto tienes un puñado de células coexistiendo coordinadamente, las posibilidades de que una de ellas se comporte anárquicamente y se cargue a las otras son inmensas. Por eso hemos desarrollado mecanismos para controlar a estas células enloquecidas: si no los tuviéramos, duraríamos solo unos pocos años. Con el tiempo, estas defensas pierden potencia y, en ciertos casos, acaban desactivándose. Es entonces cuando las células malignas ganan la partida y aparece el cáncer.

El embarazo es una situación de alto riesgo. El cambio hormonal, pensado para permitir que el embrión se desarrolle, puede hacer también que las células de un tumor latente pisen el acelerador; por ejemplo, las del cáncer de mama, que dependen de los estrógenos. Así pues, a medida que una mujer se hace mayor y sus defensas se debilitan, el peligro del embarazo aumenta hasta que, a cierta edad, el riesgo de desarrollar un cáncer sería más alto que el beneficio reproductivo que aquel individuo podría aportar. Saldría más a cuenta impedir que continuara criando y pasara a engrosar las filas de las abuelas, que ya hemos visto que tienen una importancia particular en el cómputo global.

Lo encuentro una explicación deliciosamente enrevesada que, cierta o no, al menos parece plausible. Hay bastantes datos que la corroboran, pero todavía tendrá que estudiarse más para confirmarla. En todo caso, demuestra una vez más que en biología pocas cosas pasan por accidente y que, a veces, las justificaciones aparecen por donde menos te lo esperas. La vida es realmente fascinante.